La trampa neoliberal en la moda sostenible: una guía que inspira y confunde
Reseña crítica de Armario Sostenible, el libro de la escritora y periodista Laura Opazo

Borja Fernández
Llegué al libro por casualidad en un momento en el que llevaba meses planteándome si no hay alternativa al hipercapitalismo en el consumo de ropa y calzado y en la forma de vestir. La sensación de que la ropa no dura como antes, de que es difícil dar con ropa de calidad a un precio razonable, y que he comprado cosas que no he usado casi nada, etc. Unido al hecho de que el modelo de consumo al que estamos abocados es irracional se coja por donde se coja… Pues llevaba yo unos meses rallado con este tema intentando encontrar una tienda o algún recurso -digital o no- que me informara de cómo podía asegurarme de que la ropa que compro sea de buena calidad, y de que su producción sea sensata en el aspecto medioambiental, de utilización de los recursos y de las condiciones de trabajo sin éxito alguno porque toda la industria es oscurísima hasta que di con el libro. Me lo encontré sin buscarlo y decidí echarle una ojeada que acabó siendo una lectura pormenorizada, dejando marcapáginas para volver sobre ello o consultar más tarde.
Dicho esto, la verdad que como manual de iniciación o de concienciación en este asunto de la moda sostenible creo, siendo totalmente pagano en el mundo de la moda y de lo sostenible, que es una buena referencia para empezar. Tiene una parte de manual con varios glosarios, unos más interesantes que otros: una tabla en la que clasifica los tejidos según su producción y obtención para calificar la durabilidad y sostenibilidad; personalidades o campañas por la moda sostenible; certificaciones de sostenibilidades existentes; e incluso marcas o tiendas de moda sostenible con largas descripciones de su nicho de mercado.
Sin embargo lo que me parece reseñable son las dos ideas desde las que la autora plantea el iniciarse en un modo de consumo sostenible y que yo dividiría en dos secciones: por una parte está lo que el consumidor puede hacer, y por otra lo que puede hacer la industria. En cuanto a lo que puede hacer la industria, no hay crítica posible para la autora porque entiendo que se limita a informar de las herramientas disponibles para un consumidor que quiera realizar un consumo responsable y sensato. Aunque lo hace en tono positivo, queriendo transmitir que “el que quiere puede”, a mi parecer solo hace que reforzar la idea de que la preocupación de la gente por la trazabilidad y sostenibilidad de los productos, o por las condiciones de trabajo en esta industria está aún en pelotas o al menos el interés de la industria por garantizar ese derecho al consumo consciente no acompaña. Ni hay un certificado serio que sea ni universal, ni transversal (que se refiera a toda la cadena de producción), ni estándar ni lo suficientemente confiable para garantizar nada. Ni tan siquiera hay, por lo que parece, un consenso en la información que el consumidor debería poseer para poder tomar esa decisión consciente que sería el objetivo. A mí las opciones se me quedan escasas, resultan caras o “incómodas”, y solo las veo plausibles para un consumo muy micro al que cada consumidor debe dedicarle mucho tiempo (tal vez no siempre disponible ni deseable porque por ejemplo yo que detesto ir de compras no voy a gastar dos horas de mi vida decidiendo si la siguiente camisa que compre es o no sostenible) y que, encima, carece de garantías o no cubre todos los aspectos a tener en cuenta. Por lo tanto en cuanto a la información que da, es útil dentro de lo comentado y la plantea al más puro estilo libro de texto para que sea fácil consultarlo cuando vayas a realizar tu próxima compra.
Sobre la otra parte, lo que el consumidor puede hacer, por un lado me parece que acierta al relatar que consumir ropa (como todo tipo de consumo) debe ser un proceso consciente y fruto de una reflexión de la adecuación a nuestros gustos y necesidades. También me parece muy acertado hacer hincapié en que lo que ya tenemos aún es útil y que el trabajo de ser responsable en el consumo empieza por valorar si le damos un uso adecuado y suficiente a lo que ya tenemos para que el deshecho sea mínimo y acrecentar la “aprovechabilidad” reduciendo la necesidad de más consumo.
Sin embargo hay una cosa con la que no puedo estar de acuerdo, y es el tema al que hace referencia durante buena parte del libro sobre la marca personal. Y quería hacer hincapié en esto porque me parece el error básico de un libro que pretenda proponer una alternativa al capitalismo. La autora dice que la industria actual de la ropa produce en masa y por tanto participando en este tipo de consumo es muy complicado hallar una marca personal que podamos proyectar en redes. Sugiere como alternativa el consumo de proximidad, sostenible, de artesanía, porque a la vez que tiende a ser más responsable en su producción también tiende a crear prendas únicas que pondrán en valor la originalidad de tu marca personal y la unicidad de tu ser en redes sociales. Esto es la trampa fatal del neoliberalismo. Mientras sigamos creyendo que cada persona es única y que hay que poner en valor las particularidades de cada cual no vamos a poder enfrentarnos en serio al destrozo al que el hipercapitalismo está abocando al mundo. Desde un punto de vista egoísta quieres acceder a ropa mejor, pero solo es desde un punto de vista solidario que buscas acceder a ropa y productos que no dañen a otros. La solidaridad es la pieza clave del consumo responsable. Y en un mundo egoísta, particularista, lleno de gente que solo busca hincharse el ego creyendo que están por encima de la masa, la solidaridad no tiene cabida más que como pose para ganar likes e Instagram. Me parece un enfoque erróneo y dañino.
He recomendado el libro a gente de mi entorno. De hecho fue a raíz de recomendarlo y discutiendo sobre el libro que llegamos a estas conclusiones. Seguiré recomendándolo porque me ha sido útil. Pero expresaré siempre mi parecer sobre este enfoque errado.





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